¿A quién le conviene el espionaje?

.:ULTIMALETRA ES IMAGEN:.

Por Luis Rubén Maldonado Alvídrez

 

La batalla política tiene rato librándose en los medios de comunicación tradicionales y con el auge del internet y el crecimiento de la cobertura del mismo, se libra en las redes sociales.

 

Para el final del 2016, existían en México existen 70 millones de internautas según cifras del Estudio sobre los Hábitos de los Usuarios de Internet en México 2017 de la Asocación de Internet de México. De estos, 52% pasa conectado 24 horas a internet y de ese tiempo, el 38% es para estar conectados a alguna red social y 8 de cada 10 usuarios utilizan un teléfono inteligente para estar conectados.

 

La red social reina en México es Facebook. 95% de los usuarios están inscritos en ella, le sigue WhatsApp con 93%, YouTube con 72%, Twitter con 66%, Instagram con 59%, Google Plus con 58%, Linkedin con 56%, Pinterest con 45%, Waze tiene 36% y Snapchat 31%.

 

La política no es ajena a esto y desde 2012, se libra una batalla política en las redes sociales entre quien perdió (por segunda ocasión) la presidencia de la república y quienes la ganaron. Los primeros no supieron perder en 2006 y desde ese entonces, no han sabido perder.

 

Esta semana saltó a los medios de comunicación un tema: “El gobierno espía de Enrique Peña Nieto”. El texto original fue publicado por el New York Times y se titula, “‘Somos los nuevos enemigos del Estado’: el espionaje a activistas y periodistas en México.”

 

En el trabajo de la autoría de los periodistas Azam Ahmed y Nicole Perlroth, afirma que: “Entre los blancos del programa se encuentran abogados que investigan la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, un economista que ayudó a redactar un proyecto de ley anticorrupción, dos de los periodistas más influyentes de México y una estadounidense que representa a víctimas de abusos sexuales cometidos por la policía. Los intentos de espionaje incluso han alcanzado a los familiares de los activistas y periodistas, incluido un adolescente”.

 

Además afirma que desde 2011, al menos tres agencias federales mexicanas han gastado casi 80 millones de dólares en programas de espionaje de una empresa de origen israelí llamada NSO Group, tal como el “Pegasus”, mismo que según el texto tiene poderes infinitos de monitoreo a cualquier teléfono que sea “infectado” con el mismo.

 

Y, tras la derrota de López Obrador en el Estado de México, sale a relucir la vocera de Morena (perdón, periodista) Carmen Aristegui, quien al parecer ayudó a confeccionar esta triste historia. Aristegui aparece como personaje principal de este reportaje.

 

¿Casualidad?

 

Pues no. Como indica el manual del eterno derrotado, alguien tiene que ser culpado por la derrota electoral en el Estado de México. Como no tienen los pantalones suficientes en Morena para aceptar que fueron sus errores los que hundieron la candidatura de Delfina, pues tienen que construir otra gran narrativa para culpar a su archi enemigo, ese que les ganó limpiamente en 2012, en 2015 y en 2017: Enrique Peña Nieto.

 

Y para muestra, en la pieza del New York Times, Aristegui afirma que, “Se trata de un acto de venganza por el reportaje (de la casa blanca)”; “No se puede ver de otra manera”.

 

Aristegui continúa narrando la inverosímil trama conspiracionista que me hace recordar a Fox Mulder, famoso detective del FBI que protagonizaba la serie de televisión “Los Expedientes Secretos X”, a quien la paranoia le nublaba el buen juicio y amargaba su existencia.

 

Continúa el reportaje: “Así que le pareció sospechoso cuando en 2015 empezó a recibir mensajes de texto de números desconocidos, en los cuales le urgían a que diera clic a un enlace. Uno contenía un llamado de ayuda para encontrar a un menor desaparecido; otro tenía una alerta por supuestos cargos desconocidos a su tarjeta de crédito, y otro tenía la presunta nota de la embajada estadounidense sobre su visa.”

 

“Cuando estos mensajes no fueron suficiente para que le diera clic al hipervínculo y descargara el software de manera inadvertida, los siguientes fueron más estridentes; incluso recibió uno que decía que la iban a arrestar. Varios de los mensajes llegaron del mismo número telefónico, dando muestra de los descuidos del operador.”

 

Y agrega a la trama un elemento dramático más: que enviaron mensajes al teléfono de su hijo adolescente. Además hace un recuento de los infinitos intentos de hackeo a su página de noticias y recordó el supuesto robo a sus oficinas.

 

Es muy conveniente, para alguien como Aristegui, una trama así, para culpar al gobierno y hacerlo pagar por las “afrentas” que ella considera le ha hecho el gobierno de Peña Nieto. Y más conveniente para su patrón, Andrés Manuel López Obrador, a quien una narrativa así, le inyecta vida, energía y vigor en su berrinche permanente a quien le ganó legítimamente en las urnas.

 

López Obrador y Aristegui son iguales. Ambos buscan culpar a alguien más por las consecuencias de sus yerros. Y si genera réditos económicos y electorales, que mejor. Andrés Manuel ha perdido dos veces la presdiencia por errores propios, al igual que pasó hace unas semanas en Estado de México y Aristegui, con sus falsas noticias (como la historia de Cuauhtémoc Gutiérrez, dirigente priista cuyas acusaciones nunca se sostuvieron y el acusado salió limpio de toda acusación), que le valieron salir del aire por violar la ética periodística de una empresa de gran prestigio como MVS.

 

Entonces, a quien le conviene que la historia del espionaje, permaenzca vigente, es nada más que al dúo dinámico AMLO-Aristegui, quienes hacen de la victimización su modus vivendi, aprovechando el sospechosismo que los mexicanos tenemos en los genes.

 

En serio, a Aristegui le iría mucho mejor escribiendo series para Netflix. Ojalá lo considere.

 

ULTIMALETRA

La ley es para cumplirse. Teresa Ortuño ha cometido un delito que afecta a los trabajadores del Colegio de Bachilleres, a quien se empeña en descalificar. Es tiempo de que se aplique la ley, justas son las demandas de los afectados. Pero a Ortuño la caracteriza su indolencia y cinismo. Se suma a la lista que encabezan la Pety Guerrero (que deja sin comer a los niños tarahumaras) y Víctor Quintana (quien quiere que los ancianitos o discapacitados trabajen 8 horas para darles una despensa).

luisruben@plandevuelo.mx

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