Corral: el nuevo gobernador consentido por Luis Rubén Maldonado Alvídrez

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Por Luis Rubén Maldonado Alvídrez
Por Luis Rubén Maldonado Alvídrez

Durante la campaña política que recién finalizó, en redes sociales vimos un antiguo video del expresidente Carlos Salinas de Gortari, donde afirma que Javier Corral no era tan bravo cuando iba a su casa a hacerle peticiones y planteamientos.

 

Ese video, aunque fue compartido mucho en redes sociales, no tuvo impacto alguno en lacerar la imagen pública del hoy gobernador electo. Para los millennials, la figura de Carlos Salinas es muy distante y no representa gran cosa, en esa generación que usa mucho la tecnología, lee muy poco y profundiza mucho menos. Salvo por los chairos y pejefans que siguen haciendo a Salinas el villano de villanos, culpable de los huracanes y hasta del Brexit.

 

Si es cierto. El Partido Acción Nacional no le perdonó a Salinas la elección presidencial de 1988, pero fueron ellos los principales ganadores en ese periodo de gobierno: en aras de la gobernabilidad y lograr el gran acuerdo político que legitimara al gobierno salinista, los panistas negociaron absolutamente todo, encabezados por el extinto Luis Héctor Álvarez.

 

Así, durante el salinismo (1988-1994) vimos a una camada de panistas empoderarse como nunca, además de Don Luis, la figura del Jefe Diego ganó más influencia que nunca.

 

La urgencia de Salinas por legitimarse ante los embates de la izquierda cardenista, que se resistió, pero al final de cuentas, negoció y legitimó al presidente electo, lo llevó a aceptar los términos del panismo: querían espacios, les urgían.

 

Salinas cumplió su palabra. Y comenzó una nueva y necesaria configuración política de México: Ernesto Ruffo Appel se convirtió en el primer gobernador no priista de la historia de México. Después vino la ausencia de Ramón Aguirre en Guanajuato, en lo que sería su toma de protesta como gobernador, para dar paso a un interino en la figura de Carlos Medina Plascencia, quien preparó el camino para que Vicente Fox lo sucediera en el cargo. En ambos casos, hasta el día de hoy, la alternancia es sólo una quimera.

 

Luego vino Chihuahua. Con el gobernador Fernando Baeza, quien llegó sin mucha legitimidad tras el verano caliente de 1986, donde la sociedad chihuahuense se dividió como nunca. Tras un sexenio convulso, Baeza Meléndez impuso al entonces alcalde de Ciudad Juárez, Jesús Macías, como candidato del PRI a gobernador, sin ser quizás, le mejor alternativa (según priistas de la época) y a toro pasado se habla de un acuerdo previo para debilitar al PRI de Chihuahua con un candidato poco competitivo e impulsar a la victoria a un Francisco Barrio que se mantuvo activo seis años, denunciando en cualquier foro posible, que el PRI de Baeza, le había robado la elección de 1986. Así, Barrio repitió como candidato del PAN y a la postre se convirtió en gobernador para el periodo 1992-1998.

 

Carlos Salinas de Gortari abrió muchas puertas para México en el extranjero. Esa era una de sus premisas: México tenía que avanzar a la modernidad y no podía hacerlo en el ostracismo, aislado del resto del mundo.

 

Demostrar que el país tenía pinceladas de democracia y debilitando a una hegemonía absoluta, era el primer paso. De ahí que uno de sus primeros pasos fue ciudadanizar las elecciones, con la creación del Instituto Federal Electoral, demanda de sus oponentes.

 

Así, en la cúspide de su mandato, Salinas ya tenía tres gobernadores panistas en Baja California, Chihuahua y Guanajuato, una ventana a la democracia que podía presumir ante el mundo, con la imagen que él buscaba proyectar de una nación que daba los pasos modernizadores necesarios.

 

De ahí que esos tres gobernadores valieran tanto para él. Por eso su gobernador consentido no era Fernando Baeza (con quien no tenía mucha afinidad) sino Barrio Terrazas, a decir del mismo expresidente. Y Barrio fomentó una buena relación con él. Por eso sus consentidos no eran precisamente los gobernadores priistas.

 

Salinas necesitaba del PAN y el PAN de Salinas. Así creció esa relación y beneficiados como Barrio, Don Luis, el Jefe Diego y otros tantos que vieron sus glorias en el salinato.

 

La cercanía de Don Luis y Barrio con Salinas, seguramente benefició a Javier Corral y logró estar en casa del expresidente y fomentar una relación con él. Lo que a los ojos de los panistas duros, sería pecado. A los ojos de un político con talento, sería un lujo. Salinas es un animal político extraordinario y con gran inteligencia. Compartir con él una charla, es muy ilustrativo.

 

Ahora que Peña Nieto retomó la fórmula salinista para ganar legitimidad y debilitar a sus oponentes internos, como Manlio Fabio Beltrones, en la carrera por la presidencia, encontró en el PAN alianzas interesantes que le permitieron lo segundo y en ciernes, quizás, lo primero. Cabe recordar que sin el apoyo de Madero, el pacto por México no hubiera salido (entre otras cosas), así Madero es el panista más peñista.

 

Peña pierde en el ánimo de los priístas, pero espera ganar hacia fuera con las siete derrotas electorales estatales y teniendo el peso nacional que posee, tal vez Javier Corral se convierta en el gobernador consentido del presidente, como Barrio fue de Salinas.

ULTIMALETRA

Saludo y agradezco la lectura de Don Samuel Schmidt.

luisruben@plandevuelo.mx

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