En México se castiga al vino con impuestos; en Europa se le subsidia

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Los vinos mexicanos se encuentran en buen momento. Cada vez son más respetados en el mundo por su calidad.

El consumo nacional, aunque está subiendo, sigue siendo ínfimo. El mexicano promedio bebe solamente 430 mililitros de vino al año, contra 45 litros en Francia, 37 en Italia o 21 en España (fuente: The Wine Institute, 2011). La falta de una cultura del vino, aunada a una política fiscal del gobierno federal que obliga al vino a pagar tasas fiscales cercanas al 45 por ciento, al piramidar un impuesto especial de 25 por ciento con un IVA de 16 por ciento, son responsables de esta situación. El castigo fiscal al vino mexicano contrasta con el subsidio que se da a este producto en los países europeos.

La industria vitivinícola nacional vive retos importantes. Uno es la falta de agua en Guadalupe que ha hecho que una creciente parte de la producción se esté mudando a otros valles, como el de San Vicente o a otras entidades como Chihuahua, Aguascalientes o Querétaro.

Pese al aumento de la calidad, los mexicanos adoptamos una irracionalactitud de discriminación hacia el vino mexicano, por eso es importante hoy crear una cultura de consumo de vino y eliminar el castigo de Hacienda. No olvidemos que Louis Pasteur definió el vino como “la más saludable y la más higiénica de las bebidas”. Thomas Jefferson, a su vez, afirmaba que era “un grave error considerar un impuesto alto al vino como un impuesto al lujo: “Es un impuesto a la salud de los ciudadanos”.

Chihuahua hoy oferta algunas botellas de producción local, siendo las más destacadas: Vinos y Bodegas Encinillas, así como Bodegas Pinesque y Casa Reyes Mota.

De una oportunidad a lo hecho en México. Y qué decir de los vinos que se producen en Chihuahua, son una delicia.

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