Libro de la semana: “Maquiavelo frente a la gran pantalla”

Por Luis Rubén Maldonado Alvídrez
Por Luis Rubén Maldonado Alvídrez

El cine y la política vuelan juntos desde el origen del primero.

A pesar que se le diagnóstico una muerte pronta, tras la aparición de la televisión, esto no ha ocurrido, por el contrario: El cine está más que nunca en boca de la sociedad.

En México, a la hora de elaborar los presupestos para las instituciones culturales, nunca hay dinero (y en Chihuahua ni se diga). El sector de la cultura es siempre el elegido a la hora de la austeridad gubernamental. Nuestro estado carece de salas de cine independientes de los grandes consorcios. En el pasado, su presencia era un indicador de su altura cultural.

Sin embargo, antes de acometer el asunto de qué papel juega el cine en la cultura tomada como un todo, podemos preguntarnos si esta es políticamente inocua o si, al contrario, se encuentra politizada desde el principio. Y es que, como aseguraba Michael J. Shapiro, “Pensar significa resistir los modos dominantes de representar el mundo”. Si la cultura se deja en manos de grandes multinacionales (sea en el terreno del cine, de los libros, del teatro o la TV), se corre el riesgo de que el pensamiento crítico e individual promovido por pequeñas empresas (que a su vez, dan voz y publicidad a ideas y proyectos alternativos) quede arrinconado y condenado a sufrir un paulatino y definitivo deterioro. Hasta llegar a su final.

En ese tenor, es muy alentador encontrar libros como el escrito por Pablo Iglesias Turrión, profesor de Ciencia Política en la Universidad Complutense de Madrid, titulado “Maquiavelo frente a la gran pantalla”, donde hace un minucioso estudio del vuelo en conjunto que han hecho el cine y la política a través del tiempo.

El texto nos lleva a un viaje singular:  por películas tan dispares como Apocalypse Now, Balada triste de trompeta, Amores perros o La batalla de Argel, donde el autor disecciona las “relaciones antagónicas de poder en las que el antagonista aparece como parte consustancial de los discursos hegemónicos”, y va en una intensa búsqueda de aquellos sujetos que, en la resistencia, han ejercido un papel “contrahegemónico”.

Tales relaciones antagónicas son, a juicio del autor, “la verdad de lo político y la clave para construir una metodología de análisis político del cine”.

El cine, es parte integrante de la cultura contemporánea, contiene expresiones, escenas e ideas cargadas de connotaciones políticas, dirigidas a despertar y mantener una cierta conciencia en el espectador. Por eso, Pablo Iglesias considera tan importante un “análisis político del cine, entendido como productor de imaginarios y consensos hegemónicos, como revelador privilegiado de verdades políticas y como fuente de conocimiento teórico”.

El cine no es un simple entretenimiento, aunque sí pueda ser empleado como tal. La política no se encuentra tan sólo en el Estado y sus distintos organismos de gobierno, sino también “en la cultura mediática como espacio generador de los imaginarios y de los sentidos comunes, determinantes para entender los consensos que nunca han dejado de configurar eso que llamamos poder”.

No le revelo más. Adquiéralo en formato físico o digital y compruebe cómo la política y el cine vuelan juntos.

maqui

 

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