.:ULTIMALETRA ES IMAGEN:.

Por Luis Rubén Maldonado Alvídrez

 

 

Aspirantes y precandidatos a puestos de elección popular andan desesperados. Pero todavía no lo andan por conseguir su voto. Muchos de ellos fueron notificados sorpresivamente que serían candidatos a alguna posición y andan buscando incorporar a algún mago o hechicero que los convierta en un fenómeno de masas, con la mayor popularidad, además de atractivo y creíble.

 

¡Casi nada!

 

Usted los verá buscando por todas partes: en la web, en seminarios, en la Ciudad de México, entre sus amigos, entre sus contactos olvidados. En alguna parte tiene que estar esa persona que tenga en su cabeza los poderes para potenciar a ese candidato a la victoria.

 

Quizás la pregunta no es dónde están sino, más bien, si en verdad existen.

 

La incorporación de la mercadotecnia política en México vino a revolucionar las anquilosadas fórmulas de comunicación, que no eran más que esquemas de propaganda muy el estilo socialista.

 

La incorporación de instrumentos de investigación social, como las encuestas, modificaron la manera de comunicar en la campaña electoral y desde el gobierno, allá por finales de la década de los años 80, en tiempos de Carlos Salinas de Gortari.

 

Pero, en tiempos más actuales, la campaña presidencial de Vicente Fox, ha sido la primer gran campaña presidencial producto de la mercadotecnia política en nuestro país. Después del triunfo de Fox, todos los candidatos mexicanos buscaban copiar la estrategia, discurso e imagen del primer presidente no priista.

 

Y comenzó, a inicios de este siglo, la llegada de muchos consultores de los Estados Unidos y América del Sur, a ser contratado por partidos políticos para campañas nacionales o locales. Así anduvo por Chihuahua, durante el gobierno de Patricio Martínez, el famoso consultor venezolano J.J. Rendón, especialista en guerra sucia y campañas de contraste.

 

Y anduvieron muchos otros por todos lados, enseñando sus técnicas, vendiendo sus libros, dando talleres, seminarios o conferencias, de los cuales comenzaron a salir las primeras generaciones de mexicanos dedicados a la consultoría de mercadotecnia y comunicación política.

 

Para finalizar la primera década del siglo XXI, llegó el gran fenómeno político de los Estados Unidos: Barack Obama, elegantemente disruptivo quien se convirtió en un meteoro que transformó las campañas políticas y llegó a ser presidente de los Estados Unidos por 8 años.

 

Y de 2008 en adelante, todos los candidatos querían ser Obama: desde Acapulco a Coatzacoalcos, de Tepic a Tampico, de La Paz a Mérida.

 

Y buscaban contratar para sus campañas a cualquiera que hubiera tenido que ver en el triunfo de Barack Obama. Buscaban a ese mago o alguien similar, que tuviera al menos, tantita de la magia de Obama, para poder usarla en ellos.

 

Muchos “expertos” ofrecen el triunfo. Otros lo aseguran. Y otros tantos lo garantizan sin conocer lo más mínimo del candidato

 

Los magos en las campañas políticas, no existen. No hay polvos mágicos para hacer aparecer el triunfo. No hay fórmulas fantásticas que lo harán ganar de la nada.

 

Quienes le ofrecen tal cosa, no son más que simples charlatanes.

 

Una campaña política no se gana con ocurrencias: se necesita investigación para conocer a su electorado y definir estrategias de tierra y aire; además un candidato disciplinado y convencido de su mensaje y camino a la victoria.

 

Si usted anda buscando a un mago para que le diga unas cuantas palabras mágicas y de Cenicienta la convierta en princesa, anda muy equivocada: una campaña se gana con suelo, sudor y saliva. No esperando que la magia llegue y funcione.

 

Olvídese de la magia, póngase a convencer a sus electores, de que la mejor opción es usted, siempre obediente a la estrategia y utilizando la información que le brindan sus instrumentos de investigación como encuestas o grupos de enfoque.

 

ULTIMALETRA

“Se hace campaña en verso; se gobierna en prosa”, Mario Cuomo.

luisruben@plandevuelo.mx