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Por Luis Rubén Maldonado Alvídrez

 

La mentira es uno de los negocios más rentables y añejos de la humanidad. Por algo están escritos en las Tablas de la Ley que recibió Moisés, según el relato bíblico. La mentira es tan ancestral como nuestra especie misma. Todos hemos mentido en mayor o menor escala y a usted le han mentido en cantidades ínfimas o gigantescas.

 

La mentira siempre ha estado ahí y detrás de ella, alguien le saca provecho.

 

Todos los días, los medios de comunicación se encargan de publicar que tal político afirma que otro político miente. Y luego llega la reacción de otro político que dice que los anteriores mienten. Total que es una de mentiras entre políticos que ya no sabemos donde está la mentira inicial. En la clase política, la mentira está en el ADN de su imagen pública, para desgracia de aquellos políticos honestos, que no es mentira, sí existen.

 

Pero no sólo los políticos mienten. Lo hacen los curas, reverendos, ministros religiosos de toda índole; profesores, alumnos, intelectuales y empresarios también mienten. Quizás por ser prohibida en todas las variantes religiosas, es que la mentira es atractiva para el ser humano.

 

El empresario ha encontrado en la mentira una industria desde hace siglos. Lo siguen haciendo y eso ha derivado en legislaciones para evitar la publicidad engañosa y fomentar que el empresario diga la verdad en su publicidad sobre su producto o servicio.

 

En este año electoral que ha comenzado, la mentira será la constante en las campañas electorales. Y no tomará forma de promesas que suenen tan mágicas como emanadas del mundo de Wal Disney; ha encontrado una forma de fusionarse con la actividad periodística para dar vida a las noticias falsas, esas que fueron noticia durante toda la campaña de Donald Trump y en los albores de su presidencia.

 

Los mexicanos hemos sufrido estragos de las noticias falsas o “fake news” previo a este proceso electoral: Frida Sofía es un caso emblemático del 2017 y más recientemente el falso incremento a los precios de la gasolina que se propagó como fuego en redes sociales.

 

Y es precisamente en las redes sociales, donde las noticias falsas encuentran su mejor área de oportunidad y se debe a algunos factores como la pereza mental todas las generaciones de internautas, que han perdido su filtro para distinguir mentiras de verdades, noticias falsas de información verificable.

 

¡Incluso los mismos periodistas han dejado de hacer la importante labor de verificar la información que obtienen de su fuente!

 

En este escenario tan pesimista, donde la mentira se corona como la reina del mundo entero, obtener ingresos es uno de los dos grandes incentivos para los creadores de noticias falsas y el otro es influir ideológicamente en la gente para motivar adhesiones o posturas contrarias en un ámbito político concreto.

 

Hace un año, la red social Facebook declaró la guerra a las noticias falsas, después de que varios medios descubrieran que en una localidad de Macedonia un grupo de jóvenes ganaba mucho dinero a costa de aprovecharse de la mencionada red social para difundir noticias falsas beneficiosas para Donald Trump.

 

Uno de los protagonistas de esta peculiar industria, de nombre Boris obtuvo 16.000 dólares en apenas cuatro meses creando y viralizando noticias falsas.

 

Es bastante fácil hacer dinero con noticias falsas gracias a la falta de supervisión que implica la automatización en grandes volúmenes de información y operaciones. Cualquier persona puede crear un portal web que aloje esta clase de contenidos y en pocos minutos puede rodearlos de publicidad gestionada a través de servicios variados como AdSense, Infolinks o Popunder.

 

Una vez armada la estructura de monetización del sitio web, hace falta conseguir tráfico, y Facebook y Google son los mejores aliados al respecto. Invertir un mínimo presupuesto en publicidad en esas plataformas puede atraer a usuarios bien segmentados como para que su visita, además de posibles clics e ingresos, proporcione más difusión natural y gratuita a través de la acción de compartir o enlazar.

 

Una vez que nace la noticia falsa, tiene éxito y se viraliza, los centavitos que supone cada click en un anuncio se pueden convertir en cifras considerables. Dimitri, otro de los jóvenes creadores de contenidos fraudulentos desde Macedonia, aseguraba a la cadena televisiva NBC haber ingresado 60.000 dólares en seis meses gracias a los clics de los partidarios de Trump. Esa misma audiencia proporcionó a los creadores de libertywriters.com hasta 40.000 dólares al mes en los meses previos a las elecciones de EEUU.

 

En México las noticias falsas han sido un instrumento contra el que no ha podido ganar la batalla el presidente Enrique Peña Nieto, quien constantemente sufre los embates de estas noticias falsas al estilo de guerrilla. Gobernadores de algunos estados también son víctimas de la guerra con las noticias falsas y otros hasta las inventan ellos mismos, ¿serán parte de esta lucrativa industria?

 

En el 2018, ¿quién ganará los grandes billetes con las noticias falsas? ¿Quién ganará la guerra política donde las noticias falsas serán el arma poderosa? ¿El ganador de la elección presidencial será el principal creador de noticias falsas?

 

Sin duda son interrogantes que deben preocuparnos, porque alguien obtendrá rédito económico con las noticias falsas sin duda durante este proceso electoral, pero los únicos perjudicados serán los consumidores de información.

 

La mentira siempre ha sido rentable en política, pues a cambio recibe votos suficientes para ganar una elección. Y ahora, empresarios mexicanos, sin duda harán buen “varo” con esta nueva industria de noticias falsas que hasta la fecha sigue siendo legal en nuestro país.

 

ULTIMALETRA

Gracias a El Heraldo de Chihuahua por permitirme seguir siendo parte de sus páginas en este 2018. Inicio mi décimo año como colaborador del periódico más importante del estado, deséandole un muy feliz año.

luisruben@plandevuelo.mx