Museo Nacional de Antropología: El guardián de los tesoros por Verónica Villegas Garza

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Por Verónica Villegas Garza
Por Verónica Villegas Garza

Cierras mis ojos con tu boca,

Sobre mis huesos llueves, en mi pecho

hunde raíces de agua un árbol líquido,

Voy por tu talle como un río,

Voy por tu cuerpo como por un bosque,

Como por un sendero en la montaña

que en un abismo brusco se termina

Voy por tus pensamientos afilados y

a la salida de tu blanca frente

mi sobra despeñada se destroza

Octavio Paz

 

Este poema de Octavio Paz inspirado en la Piedra del Sol, quizá sea la pieza emblemática del Museo Nacional de Antropología, sirve de inicio para celebrar los primeros 50 años de este custodio de la historia

Especial interés y gusto despierta en mi este Museo, confesando que soy de las personas que tiene como costumbre si se puede, visitar los museos sin compañía, me gusta recorrer los pasillos de cualquiera de ellos a mi gusto y con mi tiempo, ver sus cuadros, obras o piezas de cualquier índole, conocer la historia y razón por la cual esas obras han sobrevivido al tiempo haciéndolas únicas y sobre todo, único a este Museo inaugurado el 16 de septiembre de 1964.

El historiador Miguel León-Portilla que llegó en 1962 junto con grupo de estudiosos con el entonces presidente Adolfo López Mateos a plantear la propuesta de crear un recinto para albergar un patrimonio histórico de la nación y que a la fecha ya rebasa los 52 mil objetos comenzando a reunirse hace más de 150 años, además recordó en el evento de conmemoración de los 50 años que la mexicana es “la piedra fundacional de nuestra cultura”, “una cultura originaria que se desarrolló por sí misma, una de las pocas culturas que ha creado la humanidad a lo largo de los milenios”. Además de la petición enfática al secretario de Educación Pública, Emilio Chuayffet, para que se dé el apoyo necesario al Museo Nacional de Antropología para que pueda seguir realizando sus funciones.

Concebido y construido por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez el diseño del Museo es el de una casa en herradura, con un amplio patio central que tiene una conocida fuente colmada por una techumbre que remata el pilar y da forma de paraguas, para que el visitante pudiera hacer el recorrido en forma lineal o entrar solo a las salas que deseara.

Los trabajos de construcción del Museo se realizó en 19 meses, cerca de mil trabajadores y 200 arqueólogos, ingeniero, historiadores, museógrafos y artistas trabajaron día y noche en la obra. El historiador Miguel León Portilla selecciono y tradujo gran parte de los textos grabados en sus muros. Es el Museo más visitado en México cada año de entre 1.3 millones y 2.3 millones de visitantes.

Además del evento conmemorativo también se anunció la recuperación de un códice del siglo XVII, el “Chimalpahin”; la exhibición del monolito de Tláloc tras meses de restauración y limpieza, Tláloc el dios de la lluvia, es uno de los habitantes más viejos del Museo y ha tenido como tarea desde hace 5 décadas recibir a los visitantes en la entrada sobre el Paseo de la Reforma fue descubierto en el pueblo de Coatlinchán que se oponían a la entrega del monolito y que aseguran que desde que se la llevaron dejo de llover en su territorio.

La piedra del sol que a Octavio Paz inspiro uno de sus poemas más conocidos fue encontrada cerca del Zócalo de la Ciudad de México en 1790 cuando se trabajaba en el cambio de drenaje de la antigua capital y por más de 100 años, el llamado Calendario Azteca estuvo expuesto en la torre poniente de la Catedral Metropolitana, con sus más de 3 metros de diámetro. En el centro está el llamado quinto sol, la época en la que según la concepción de esta cultura nos encontramos ahora.

La Coatlicue es una de las piezas más reconocidas del Museo es una pieza monumental, no solo por su trabajo, sino por su elaboración y significado. Es la representación de la diosa madre de las deidades aztecas: Huitzilopochtli, Coyolyauhqui y Centzonhuitznahua, la cabeza de la diosa está formada por dos serpientes que se miran cara a cara, tiene un collar de manos y corazones humanos y senos caídos que representan la fertilidad, su falda está formada por cuerpos de serpientes y sus pies son garras de águila. La Coatlicue y la Piedra del Sol fueron encontrados en 1790 y son parte de las piezas arqueológicas que iniciaron el Museo Nacional, antecesor del recinto actual y que se formó en 1825 durante la presidencia de Guadalupe Victoria. La temible Coatlicue, es una pieza sobre la que muchos de nuestros mejores historiadores y arqueólogos han escrito numerosas páginas y despierta más preguntas que respuestas al plantarnos frente a una pieza de las dimensiones como esta.

Una sola visita al Museo Nacional de Antropología nunca será suficiente para recorrer todas sus salas y admirar sus tesoros resguardados, larga vida a este guardián de nuestros tesoros y fiel custodio de la historia nacional.

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