En Plan de Vuelo

Por Fabiola Lara García

 

 

Externado por el filósofo y Premio Nobel de la Paz, Albert Schweitzer: ” No me importa si un animal es capaz de razonar. Sólo sé que es capaz de sufrir, y por ello lo considero mi prójimo.

También lo sentenció Arthur Schopenhauer: “La compasión hacia los animales está tan estrechamente ligada a la bondad de carácter que se puede afirmar con seguridad que quien es cruel con los animales no puede ser una buena persona”.

 

En esta ocasión, hurgando en la paupérrima legislación que en materia de protección a los animales cuenta nuestro estado, en general afirmaría que el país, la cual es presumida por su porción normativa atinente a la prohibición de animales en los circos, que dicho sea de paso ocasionó la muerte de más del 80% de las criaturas  a quienes iba dirigida la misma.

Así pues, en el grueso de las hipótesis que la Ley de Bienestar Animal para el estado contempla son las relativas a evitar las vejaciones que puedan sufrir los animales en manos de sus dueños, como dejarlos amarrados, sin comida, sin agua, expuestos a las inclemencias del tiempo, entre otras, olvidando los daños que los mismos animales puedan producir a otros animales por imperdonables omisiones por parte de sus dueños.

Actualmente, nos enfrentamos con la cifra de más de veinte mil perros abandonados, callejeros o sin dueño los que deambulan por las calles, sin embargo, es difícil determinar cuáles canes se encuentras realmente sin dueño o más bien sus propietarios no dan la cara cuando los mismos cometen algún perjuicio.

Nos encontramos en diversas partes de nuestra ciudad con perros deambulando, sin ninguna correa o medio de control, como lo señala específicamente la citada ley, precisando la cuestión, hay de perros a perros, personalmente me he encontrado con perros y no es que además de abogada sea veterinaria, empero, mis sentidos si me permiten distinguir entre un perro de los denominados criollos a aquellos de raza Pit Bull, Doberman o Pastor Alemán, que ampliamente conocido es pues que las razas antes apuntaladas son de las más bravas.

Estos animales son un verdadero peligro para cualquier persona y demás criaturas que se les cruce en su camino, y sus irresponsables dueños, poseedores o tenedores, ya que a la hora de los problemas nadie se hace responsable.

Así pues, estimé necesario, ante la publicidad y difusión, notoria ampliamente por su ausencia en torno a qué hacer ante este tipo de situaciones, es decir, cuando somos sabedores de alguna acción u omisión que implique maltrato animal o de riesgo, función de divulgación que según la legislación correspondería tanto al Estado como al Municipio, según la aludida ley encontramos lo siguiente

Es facultad del Estado a través de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología, realizar campañas para el respeto de los animales, resultando también en concurrencia con la autoridad municipal practicar visitas de inspección y vigilancia, con el objeto de verificar que las condiciones en que se encuentran los animales sean las establecidas por la legislación, así como integrar, equipar y operar brigadas de vigilancia animal para responder a las necesidades de protección y rescate de animales en situación de riesgo.

Ahora bien, también la ciudadanía puede hacer del conocimiento de la autoridad, en concreto, de la mencionada Secretaría, hechos, actos u omisiones que produzcan o puedan producir daños a los animales, a través de la denuncia popular. El procedimiento, muy sencillo, léase con un resquicio de sarcasmo, únicamente es formular la denuncia por escrito, con su nombre, domicilio, teléfono, datos de identificación de la persona a la que se denuncia, obviamente acompañado de las pruebas que respalden los hechos materia de la denuncia, posteriormente se le notificará a la persona del procedimiento administrativo y para que manifieste lo que a su derecho corresponda y luego se emitirá la resolución administrativa, no se omite señalar que es posible mantener en secrecía los datos personales del denunciante, que se logre ese objetivo es otra cosa.

En el campo del derecho penal, tampoco se supera la indigencia legislativa, en contraste por ejemplo, con la Legislación Penal para la actualmente denominada Ciudad de México, en dicha norma encontramos que se sanciona en principio si la conducta se ejecuta tanto dolosa como culposa; se castiga con penas mayores y se contempla también castigo aunque las lesiones causadas en el animal no pongan en riesgo su vida. A diferencia de nuestro Código Pena, que, la conducta de maltrato para ser castigada debe ser dolosa y poner en peligro la vida del animal, de no ser así, simplemente, no pasa nada, y la única herramienta que nos queda es la vía administrativa.

Existe también el procedimiento civil para reparar el daño que causa un animal sobre los bienes de otros, con ello entiéndase que si un perro mata a otra criatura, es factible, por la vía civil lograr que el dueño, si es que damos con él y si es que tiene patrimonio, indemnice por la pérdida ocasionada por su fiera, de lo contrario, pues una disculpa nos debe bastar para darnos por bien servidos.

En este contexto estimo que se debe concientizar a la población respecto de los riesgos así como las consecuencias que genera la falta de cuidado de sus animales, no es nada más darles de comer y beber, es no dejarlos en la calle, máxime si son animales de ataque o razas agresivas, resulta abominable la actitud de aquellos tenedores de animales que de sobra saben que éstos son peligrosos y que los dejan andar sueltos por las calles cual si fueran conejos recién nacidos. El compromiso esta en todos, en los ciudadanos en denunciar este tipo de irresponsabilidades que pueden culminar en lesiones o hasta en la privación de la vida, por ello en este acto invito a todos y a todas a realizar un ejercicio de conciencia y frenar a aquellos dueños infames que sin reparar en el daño que pueden ocasionar sus fieras las dejan vagar por las calles, en este contexto lo invito a que acuda a la Secretaría, llame a la comúnmente denominada “perrera”, hable a los medios de comunicación, en alguien debe caber la prudencia, si no es en el dueño, aunque sea en los vecinos que se pueden ver afectados con algún ataque

 En la autoridad está también la obligación legal (olvidada por completo) de atender con la inmediatez debida las denuncias de los colonos de estas situaciones, personalmente he visto que la autoridad atiende de forma tardía, ya hasta que las cosas han llegado a extremos irremediables, consiente estoy que andan más ocupados en perseguir delincuentes, sin embargo no olvidemos que un perro también puede privar de la vida a una persona. Como dice el refrán: ” ahogado el niño, tapan el pozo”.

Tampoco omito resaltar que el Centro Antirrábico también carece de los recursos tanto humanos como materiales para dar una respuesta pronta y efectiva, sin embargo, ello no libera en modo alguno a la autoridad para cumplir con sus deberes y destinar una porción de recursos para dicho centro.

Personalmente comparto con profunda tribulación que recientemente padecí una situación similar a las que he expuesto en el presente artículo, uno de mis felinos amados pereció a causa de un perro que lo atacó, desconozco quien sea su dueño, casualmente, ya no se ha visto callejear por la colonia, por ello me di a la tarea de investigar y difundir qué podemos hacer y a qué instancia acudir todos aquellos quienes hemos vivido una situación semejante y nos quedamos únicamente con la impotencia y el dolor de la pérdida.

Ya que al parecer, a nadie le importa un gato destazado en la calle, y ante el fenómeno por el cual se atraviesa en este país y en tantos más, de normalización de la violencia, la muerte de miles de animales callejeros a nadie le interesa.

Preciso el término “callejeros” porque no observo que sean defendidos con el mismo fervor como con el que se ataca a los fans de las corridas de toros, como es la moda mostrarse en contra de las mismas por un supuesto amor por los animales, yo invitaría a todos aquellos quienes se rasgan las vestiduras, vituperan y denigran a quienes les gusta la fiesta brava soportados con el argumento del maltrato animal, que demuestren su genuino amor adoptando un animalito callejero, ellos también sufren, matan y mueren cruelmente y en bastantes casos en agonía.

Insultar por redes sociales es de lo más sencillo, la guerrilla desde la comodidad del sillón de nuestras casas, en nada ayuda a formar un mundo mejor.

 

ESCALAS

  1. Gracias por sus comentarios a mi correo: fabiola@plandevuelo.mx