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Por Luis Rubén Maldonado Alvídrez

 

En una elección el lenguaje de los candidatos y actores inmersos en la elección importa. El poder de las palabras ha sido documentado en muchos estudios y libros: las palabras pueden incitar al inicio de una revolución, una guerra. Pueden incitar al amor, a la unión, a compartir.

 

El lenguaje público en una elección es fundamental para lograr la persuasión. Los estudios demoscópicos profesionales que deberían de usar los candidatos, arrojan siempre resultados interesantes sobre las palabras que mueven al elector o incluso aquellas que provocan rechazo.

 

Un grave problema en México es que nuestros políticos nunca hablan con claridad y sencillez deseadas por el electorado, que ante un discurso de campaña, por lo general, queda más confundido que otra cosa; esto por lo complicado del lenguaje de candidatos.

 

El elector mexicano pide a gritos cercanía de sus políticos. Pero el lenguaje que utilizan para intentar persuadir en una elección, los aleja de un electorado que cada vez les cree menos.

 

¿Qué debe hacer un político para ganar una elección en este 2018?

 

Lo primero es hablar claro para todos sus electores, no para unos cuantos. El lenguaje sencillo y claro permite que todos le entiendan, sin importar su nivel de escolaridad. Además, en un mundo donde la rapidez importa demasiado, el mensaje, entre más sencillo, mejor; lo que mandará una señal al electorado de que el candidato se comunica como ellos, pues observa y percibe el mundo como ellos.

 

En la actualidad, el ciudadano alejado de la política, siente que todo lo relacionado con ella suena hueco, lejano evasivo y remoto, esto porque la misma se ha convertido en un pleito permanente donde las descalificaciones son el común, se ponen en entredicho todas las informaciones y eso ha reducido que el elector decida basado en emociones. Más sentir, menos pensar y eso puede ser peligroso.

 

Desde hace varias décadas nuestra clase política ha estado despedazando el lenguaje público de la política y eso nos lleva al nivel de pobredumbre que vemos en las campañas políticas mexicanas.

 

Además, el discurso de nuestros políticos no ha variado mucho. Se ha vuelto monótono, aburrido y por eso suena distante de las necesidades de la gente, de ahí que existan palabras muy gastadas que no levantan el mínimo entusiasmo en el elector.

 

Cambio. Desde la irrupción de Vicente Fox como candidato presidencial, hace casi dos décadas, éste se adueñó de la palabra “cambio”, ya que supo utilizarla en su discurso de manera adecuada para apropiarse del deseo de cambio. De ahí en adelante, varias legiones de candidatos han barrido y trapeado con la palabra cambio en sus estrategias de comunicación pero se han quedado cortos en las expectativas que quienes los votaron tenían. Vicente Fox es un ejemplo clarísimo de ello.

 

Para la mayoría de los votantes, cuando un candidato promete cambio, suena hueco y no capta la menor atención.

 

Transparencia. Un concepto introducido en el imaginario colectivo del votante mexicano a inicios de este siglo, es uno que para el mexicano común, simplemente no les dice nada. Todos prometen transparencia y rendición de cuentas, pero para la mayoría de los mexicanos que confiaron en dicha promesa, todos los políticos son opacos y no han cumplido con su promesa de rendir verdaderas cuentas a la gente de su quehacer en la función pública. “Con transparencia no se come”, me dijo un votante en la elección de 2009 en Veracruz. Pedía obras, escuelas y mejores caminos para que hubiera actividad económica mayor en su demarcación. Para él, la transparencia era algo no le importaba.

 

Resultados. Todos los candidatos presumen haber dado resultados. Pero esto ya no lo cree la gente. La gente no quiere resultados pero cuando le brindas soluciones, la cosa cambia. El concepto de “resultados” resulta hueco cuando no son cosas concretas, como en el caso de bacheo, limpieza de las calles, alumbrado, caminos, infraestructura urbana, entre otros.

 

Cumplir. “Yo si le voy a cumplir”, suelen decir los candidatos en campaña. Pero la desilusión de la gente es tan grande, que el valor de esa promesa se ha perdido casi por completo, puesto que una vez que obtienen el triunfo, esos políticos simple y llanamente se topan con la realidad del prespuesto, la presión social e intereses políticos que no pueden satisfacer las promesas realizadas.

 

Tejido social. No hay concepto más hueco en un discurso que el súper desgastado “vamos a reconstruir el tejido social”. Esto a la mayoría del electorado no le dice nada, no representa nada pero es obligado en el los discursos de todos los candidatos como la gran promesa, como palabras mágicas que van a solucionar todo con sólo pronuniciarlas.

 

Ciudadano. Yo no soy político, “soy ciudadano” dicen todos los políticos en campaña para deslindarse del partido que los postula, dada la pésima imagen que tienen los partidos políticos. Sin embargo, han desgastado tanto el valor de esta palabra porque al llegar al poder, se olvidan de su condición apolítica que le vendieron al elector bajo la palabra “ciudadano”.

 

Son sólo algunos ejemplos de palabras gastadas y huecas que los políticos atesoran en su discurso y que son una verdadera pérdida de tiempo. Esto nos lleva a la conclusión de que la mayoría de los políticos en México, quieren obtener resultados distintos haciendo lo mismo que hace 4 o 5 décadas, cuando estamos en la realidad de otro siglo, al cual muchos políticos no quieren entrar y por ende no comunican con claridad y se alejan cada vez más de la gente. Han quedado obsoletos y no se quieren dar cuenta.

 

De ahí que la ira social sea creciente y caldo de cultivo para que los “anti políticos” triunfen, pero eso será tema para la siguiente edición.

 

 

ULTIMALETRA

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