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Por Luis Rubén Maldonado Alvídrez

 

 

En tiempos de guerra electoral –como en los que estamos viviendo- las encuestas se vuelven una herramienta poderosa para generar la percepción de que una de las opciones políticas tiene mayor aceptación que las demás.

 

Desde la incursión de las encuestas en México a finales de los años 80, estas han ido adquiriendo un mayor protagonismo en los procesos electorales, siendo quizás la elección del año 2000, en la que las encuestas tuvieron una mayor difusión.

 

En el 2000, el favorito era Francisco Labastida Ochoa del PRI, el segundo lugar Vicente Fox y en el tercer lugar (al que ya estaba acostumbrado) Cuauhtémoc Cárdenas. Conforme la campaña avanzó, las encuestas comenzaron a registrar un cambio en las preferencias de los mexicanos. La atmósfera electoral, poco a poco se volvía más hostil al PRI y muy receptiva con el entonces “rebelde” del sistema, Vicente Fox.

 

Al final de ese proceso electoral, los resultados de las encuestas fueron muy parecidos a los resultados de la elección

 

En el 2006 las encuestas volvieron a estar en el escenario central de la elección presidencial y el favorito era otro “rebelde” anti sistema: López Obrador. Quien conforme la campaña avanzó, fue cometiendo errores que lo llevaron a perder por una mínima diferencia ante Felipe Calderón. Que contrastó con lo proyectado por las firmas encuestadoras.

 

En 2012, llegó una crisis severa en el gremio de la investigación cuantitativa. Al triunfar Enrique Peña Nieto sobre Andrés Manuel López Obrador, el resultado no era tan apabullante como lo proyectaron las encuestas y llevó a una reflexión profunda para estudiar lo sucedido con este instrumento.

 

La elección presidencial de Enrique Peña Nieto fue la primera con un peso específico de las redes sociales. De ahí, que muchos medios digitales comenzarán a hacer sondeos de elección múltiple en sus portales y sus resultados eran noticia inmediata. Sin embargo, estos no tenían muchos candados y se hacía trampa con mucha facilidad y se convertía en una guerra entre tramposos para ver quien ganaba.

 

En esta elección presidencial donde irrumpen los candidatos independientes en la boleta electoral y por vez primera, se empata con la elección local en algunos estados como Chihuahua, a donde se suma la novedad de la reelección.

 

Apenas fueron “pre” registrados los candidatos del PRI en Chihuahua y sus primeras acciones fue preocuparse por ganar los sondeos en medios digitales, que son esfuerzos muy respetables de medios de comunicación, pero al involucrarse el apetito de los políticos por ganarlos, implementan todo tipo de trucos cibernéticos para lograrlo y consumen demasiados recursos para ello.

 

Ahí está el caso del militante de Morena, Fernando Tiscareño, el profesional del engaño cibernético que truqueó la encuesta que este diario hizo en su portal digital en días pasados y que tuvo a bien descubrir y exhibir el equipo de profesionales digitales de El Heraldo de Chihuahua.

 

Si no está familiarizado con el caso, le explico.

 

El pasado 23 de enero, este periódico publicó lo siguiente de la pluma de Samuel García: “Aspirante de Morena a la candidatura de la Presidencia Municipal de Chihuahua quiso posicionarse como delantero en las preferencias de sondeo, con opiniones de personas que no habitan en esta capital, sino con habitantes de estados del centro y sur del país. El Heraldo de Chihuahua, a través de su portal www.elheraldodechihuahua.com.mx, en un ejercicio de sondeo para conocer la opinión de los chihuahuenses sobre posibles candidatos a la Presidencia Municipal de la capital del estado, puso a disposición de nuestros lectores una aplicación para que expresaran preferencias,  con la participación de más de 22 mil personas, sin embargo el resultado no puede ser fiel debido a que más del 60% de quienes opinaron no son habitantes de la ciudad de Chihuahua, lo que invalida una visión real, objetiva y verídica.”

 

Es decir, el aspirante de Morena Fernando Tiscareño recurrió a los bots o a la ayuda de otros usuarios ubicados en otras partes del país. Del 60% de los votos computados fuera de la ciudad de Chihuahua, 20% provenían de la Ciudad de México, 15% de Monterrey y el 25% restante de Oaxaca, Veracruz, Morelos y el Estado de México.

 

Algo similar pasó en fechas más recientes con varias encuestas de portales digitales, donde los cercanos al virtual candidato del PRI a la alcaldía, Alejandro Domínguez, pedían a priistas de toda le geografía estatal el voto para su gallo.

 

Y seguramente los demás partidos también se ocupen de estos sondeos, en los que sólo están desperdiciando tiempo y esfuerzo, ya que los votos no se encuentran ahí y mucho menos son definitorios a la hora de votar.

 

Candidatos de todos los partidos deben enfocarse en los votos de carne y hueso, esos son los que dan el triunfo. La burbuja digital está a punto de explotar, sólo para darles una aterrizada a la realidad: los votos están en la calle y esa es la prioridad.

 

Recuerde que en la elección de 2016 partidos políticos gastaron 4 veces en redes sociales que en la estrategia de tierra para obtener el voto. El caso del PRI Chihuahua, Aguascalientes y Tamaulipas, ahí están los resultados.

 

No pierdan tiempo en cosas que no les van a redituar en votos. Claro que, si quieren perder, sigan hasta ahorita perdiendo tiempo y seguro lograrán su objetivo.

 

Sabotear encuestas para ganarlas, es como los aplausos grabados de los programas de radio y televisión de antaño.

 

 

ULTIMALETRA

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