CIUDAD DE MÉXICO. — Los muros de la antigua Casona de Xicoténcatl, acostumbrados al eco de las leyes terrestres, se inundaron esta semana de una urgencia distinta: la del mar. Este viernes 27 de marzo de 2026, entre murmullos de expertos internacionales y la solemnidad de los pasillos históricos, concluyeron los trabajos del 46º Foro Anual de Parlamentarios para la Acción Global.
El aire en el recinto no solo cargaba la historia de México, sino la promesa de un futuro para las aguas internacionales. El mensaje final fue contundente: proteger los océanos ya no es una opción diplomática, es una misión de supervivencia y derechos humanos.
El Tratado de Alta Mar: Una balsa de esperanza
La gran protagonista del encuentro fue la implementación del Tratado de Alta Mar de las Naciones Unidas. Mónica Adame, secretaria general de Parlamentarios para la Acción Global, fue clara al señalar que la ratificación de este documento es el único «puerto seguro» para la vida marina.
No se trata solo de firmas en un papel; se trata de las Áreas Marinas Protegidas (AMP). Los parlamentarios compartieron historias de éxito desde las costas de las Américas hasta el Golfo de Guinea, demostrando que cuando el liderazgo legislativo se une a la ciencia, el océano recupera su voz.
La tarea en la maleta: De Xicoténcatl al mundo
Mientras las luces de la Casona se apagaban, los legisladores de diversas latitudes cerraban sus carpetas con un compromiso renovado. «Se llevan como tarea a sus casas sensibilizar a sus colegas», enfatizó Adame. La meta es el Objetivo de Desarrollo Sostenible 14: proteger la vida submarina antes de que el daño sea irreversible.
El foro no solo fue un espacio de técnica y leyes; fue un recordatorio de que, aunque las fronteras nos dividan en tierra, el océano nos une a todos en un solo destino. Los parlamentarios regresan a sus países no solo con leyes bajo el brazo, sino con la responsabilidad de ser los guardianes del azul profundo.


