Gobernadores mexicanos ¿aprobación real o espejismo político?
El último ranking de desempeño de gobernadores en México de CE Research que difunde la revista Campaigns & Elecitions México pone a Alejandro Armenta (Morena, Puebla) en la cima con 69 puntos de aprobación, seguido muy de cerca por Samuel García (Movimiento Ciudadano, Nuevo León) y Mauricio Kuri (PAN, Querétaro). El top 5 lo completan Manolo Jiménez (PRI, Coahuila) y María Teresa Jiménez (PAN, Aguascalientes). Pero, ¿qué hay detrás de estos números?
Más allá de los porcentajes, la aprobación de los mandatarios estatales suele estar marcada por campañas de imagen, encuestas a modo y una buena dosis de percepción mediática. Los gobernadores mejor posicionados aprovechan el control de la narrativa local y el respaldo de sus partidos, mientras que los de menor aprobación enfrentan desgaste, crisis o simplemente no logran conectar con la ciudadanía.
Actualmente, María Eugenia Campos Galván, gobernadora de Chihuahua, figura en el séptimo lugar nacional en desempeño, con una aprobación del 63%. Este resultado la posiciona como una de las mandatarias estatales mejor evaluadas del país, superando a varios de sus homólogos y consolidando al estado de Chihuahua como referente de gestión dentro del PAN.
El reconocimiento a María Eugenia Campos Galván no solo refleja la percepción positiva de la ciudadanía respecto a su administración, sino también la capacidad de mantener estabilidad y resultados en un entorno político altamente competitivo. Su presencia en el top 10 nacional subraya la relevancia de su liderazgo y la confianza que ha logrado construir entre los chihuahuenses.
El ranking también revela la fragmentación política del país: Morena, PAN, PRI y Movimiento Ciudadano se reparten los primeros lugares, mostrando que la competencia sigue viva y que ningún partido tiene el monopolio de la simpatía ciudadana. Sin embargo, la pregunta clave es si estos niveles de aprobación se traducen en resultados tangibles para la gente: seguridad, empleo, salud y transparencia.
En tiempos donde la popularidad puede ser tan volátil como un trending topic, conviene mirar más allá de los números y exigir gobiernos que respondan con hechos, no solo con encuestas favorables. Porque al final, la verdadera aprobación se mide en la vida diaria de los mexicanos, no en los rankings de papel.


