
La reciente renuncia de Adán Augusto López Hernández a la coordinación del grupo parlamentario de Morena en el Senado ha generado más preguntas que respuestas. Para el diputado y vocero del PAN municipal, Jorge Soto, la salida de López Hernández no representa una solución real a los señalamientos políticos que pesan sobre el excoordinador, sino un intento superficial de cerrar un capítulo incómodo para Morena.
Lejos de disipar el “lastre político”, la renuncia deja intactos los cuestionamientos públicos sobre la gestión de López Hernández como gobernador de Tabasco, especialmente en torno a la actuación de su exsecretario de Seguridad Pública. Soto fue enfático: lo verdaderamente responsable sería que el senador compareciera ante la Fiscalía General de la República y aclarara los hechos que han sido motivo de sospecha y debate nacional.
La estrategia de Morena parece apostar por el olvido administrativo, pero la realidad política es otra. López Hernández sigue siendo un actor relevante, señalado y con presencia pública, y su eventual reincorporación a tareas territoriales y electorales será observada con lupa por la oposición y la sociedad civil.
El riesgo, advierte Soto, es que prácticas irregulares puedan trasladarse a los procesos electorales, afectando la legalidad y la competencia democrática. En un contexto donde la transparencia y la rendición de cuentas son exigencias ciudadanas, la renuncia de López Hernández no puede ni debe ser el punto final. La crítica apunta a la necesidad de respuestas claras y acciones concretas, no solo gestos políticos que buscan acallar la discusión sin resolver el fondo del asunto.
En suma, la salida de Adán Augusto López Hernández del Senado es, hasta ahora, una maniobra insuficiente. La exigencia de transparencia y justicia sigue vigente, y la sociedad espera que los señalamientos sean atendidos con seriedad y no con simples movimientos administrativos.

