Pan de muerto, tradición única en el mundo

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El pan de muerto es parte de nuestra cultura, nadie celebra la muerte como nosotros.

El pan de muerto es una tradición única en el mundo y también es uno de los productos favoritos en la panadería mexicana. Se utiliza al menos en dos formas: para las ofrendas del Día de Muertos en cada familia y para consumo, señaló Carlos Ramírez Roure, chef mexicano.

Últimamente han surgido varios tipos de distintas formas, colores y diversos rellenos. En algunas regiones, principalmente en el centro del país y en la Ciudad de México, es un pan redondo y en la parte superior tiene huesitos que se cruzan. Tienen una preparación un poco más dura que se adiciona con más harina.

Los sabores típicos son de naranja, azahar o hasta anís, dependiendo de cada región; depende del sexo y gustos del fallecido, añadió.

“La simbología nos dice que este pan está orientado hacia los cuatro puntos cardinales, aunque creo que no existe un sustento de esto”. La bolita que se encuentra en la parte de arriba representa el cráneo, aunque los panaderos tienen la costumbre de decir que es la nariz.

Nuestra cultura

El pan de muerto es parte de nuestra cultura, nadie celebra la muerte como nosotros. De hecho, el Día de muertos es una tradición con la que crecimos, y curiosamente coincide con la celebración de todos los Santos en Europa en los distintos países.

Existen productos que tienen que ver con la celebración de todos los Santos, por supuesto en ningún lugar existe el pan de muerto.

“Se trata de una tradición muy arraigada con la que crecimos. Quizás de pequeños no entendíamos qué significaba, nuestros padres nos explicaban, y aunque no teníamos el conocimiento era una maravilla ir a la panadería por el pan de muerto”.

Esta tradición la hicieron nuestros bisabuelos, nuestros abuelos, nuestros padres y nuestros padres con nosotros y ahora nosotros lo haremos con nuestros hijos y nietos.

Es uno de los puntos por los cuales el pan de muerto ha trascendido en la panadería mexicana, concluyó.

 

Por Michel Olguín Lacunza / Myriam Núñez de UNAM Global.

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